El viernes como buen viernes es el principio del fin de semana, también es el final de la semana, pero si estas de viaje, claramente tan importa poco que la semana laboral se acabe, aunque si que notas que la gente que trabaja termina. Por ello en nuestro viaje a China, el viernes en Pekín era un día especial, el primer día que pasaríamos con nuestros amigos sin tener ellos que trabajar al día siguiente, y el final de nuestro viaje de turismo por la ciudad, a partir de ese momento, nuestro disfrute sería más de nuestros amigos que de la propia historia y cultura.
Para terminar con el turismo el viernes fuimos al templo del cielo, un parque precioso con un templo, con una arquitectura curiosa, ya que mientras la base es octogonal el techo y las paredes más altas del templo son redondas, lo que le confiere un aspecto curioso. Pero lo más curioso además del templo en sí, era que en el parque en el que se encontraba había cientos de personas realizando distintas actividades, tipo Tai-Chi, danza, jugando con el diábolo o practicando algún otro tipo de experiencia peculiar y extraña, jugando con cuerdas, instrumentos o lo que fuera, todo ello en grupos de 20 o 30 personas, lo que aquí te podría llamar la atención si lo ves un domingo en un parque, pero lo entenderías, allí había muchísima gente un viernes en mitad del parque. El parque tenía muy buena pinta, así que recorrimos un poco, incluso fuimos a visitar el jardín de las mil flores o algo así, sitio donde pude reírme muchísimo, ya que mi amigo se moría de ganas por ver, y no fuimos capaces de encontrar ni una sola flor para su gran decepción.
Tras reírme de él y de los chinos un buen rato, partimos a nuestro segundo destino del día, el barrio conocido como 787 que no es más que una antiguo barrio industrial, con naves ahora reformadas para montar un barrio dedicado al arte, con cantidad de galerías de arte moderno, clásico, pintura, escultura, cafés… la verdad es que un sitio curioso donde ir a pasear y a perder una mañana o un día entero, aunque a nosotros la parte artística no termine de convencernos, y menos tal vez después de 10 días de viaje, así que no pasamos mucho tiempo, tal vez la galería que más tiempo nos acaparó era la que tenía Nike, con su historia, zapatillas, slogans y tal, que nos pareció curiosa y entretenida, el resto, la parte del arte, sabiendo que no tienes ninguna posibilidad de comprar nada…, pues se hacía un poco más distante.
Una vez recorridas varias galerías y teatros fuimos ese día a un restaurante a comer el típico pato pekinés, al menos así se le llama aquí, con lo que debe de ser típico de allí. Elena nos busco un buen restaurante en la prestigiosa That’s Beijing y nos mando a probarlo allá. Para mi resulto reconfortante, ya que comer el pato no es muy fácil con los palillos, y menos después de ver como lo preparaban las camareras de allí, pero al menos a mi no me trajeron un tenedor para ayudarme con la tarea, como a mi acompañante ni acabe echando mano de los dedos como los chinos que veíamos en la mesa de al lado, aunque por otro lado fue una pequeña decepción, ya que el plato estaba exactamente igual que las 2 o 3 veces que lo he tomado en España, mientras que el resto de comidas eran claramente mucho mejores los platos allí que aquí. Pero bueno, otra experiencia, esa y la de tratar de pedir un postre, en China no tienen esa costumbre, ni el típico flan que aquí vemos en muchos chinos.
Más tarde quedamos con Elena para ir con su sabia compañía al mercado de la seda. Eso es otra experiencia, para empezar en muchos de los puestos, había ido tantas veces que no tenia ni que regatear, incluso en uno para saber que era lo que le estaba pidiendo (un bolso que me habían encargado) me dejaron meterme en su ordenador (en chino) navegar por Internet y localizarlo para que ellas lo encargaran (en el mercado de la seda los vendedores son prácticamente todo mujeres). Compramos bolsos, joyas, nos recomendó una relojería y nos encamino a la zapatería. Con eso ella cumplió con su labor de guía y nos dejo a nuestra suerte para que siguiéramos gastando dineros con las chinas, advirtiéndonos que esa noche teníamos una cena especial.
Cuando regresamos a casa, descubrimos que la cena “especial” era por que habían quedado con más españoles que Vivian en la ciudad, finalmente fuimos unas 25 personas cenando en lo que ellos conocían como “los pinchitos” un sitio que parecía como el más cochambroso chiringuito de la ciudad (chiringuito, por que estábamos en la terraza en las clásicas sillas de plástico de terraza, aunque sin atreverse nadie a entrar dentro de los asqueroso del lugar, ni siquiera cuando comenzó a llover)El lugar era conocido como el pinchitos, ya que allí lo normal era comer pinchos, de alitas de pollo, de cordero (clásicas brochetas o pinchos morunos) incluso pinchos de un exquisito pan, todo ello regado con cerveza. La verdad es que fue una cena rica y divertida, incluso entonces nos tranquilizaron algunos de nuestros acompañantes, al garantizar la calidad de los alimentos, contra lo que podíamos pensar de que fuera rata o perro, ellos nos aclararon que la rata y el perro son mas caros que el pollo y el cordero, por lo tanto manjares, por lo que allí no se suele dar eso del gato por liebre, ya que salen perdiendo económicamente. Tras la experiencia de la cena (4€ por hombre, que éramos como 11 de los 25 comensales, las mujeres no pagaron) fuimos de fiesta.
Al fin una noche de fiesta “típica” en Pekín. Nos llevaron a una discoteca que se llamaba The World of Shushie Wong o algo por el estilo (tal vez esté mal deletreado, pero ese es el sonido). Allí estuvimos de copas en una discoteca llena de occidentales, chinas guapísimas y música occidental, así que lo de típica era más bien por que es lo tradicional para los occidentales, pero no para los residentes allí. Yo por mi parte lo pasé genial, bebí un montón, y después tuve una profunda conversación con Antonio al llegar al apartamento. No la recuerdo entera, pero si que saque algunas ideas, solo con los recuerdos. Para mí un día magnifico, preludio de un gran fin de semana.
Cita:”Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás” William Faulkner
El jueves amanecimos con intención de visitar uno de esos emblemas de China, La gran Muralla. Amanecimos ese día y planificamos ir tras dejar a Antonio y Elena en el trabajo a La Gran Muralla, nos advirtieron que una de las mejores experiencias sería el tobogán de la muralla, que era una de las actividades de las que la gente volvía más impresionada de su visita a China. Nosotros ni siquiera sabíamos de qué nos estaba hablando.
Tras un largo viaje en coche, que aprovechamos para seguir durmiendo un poquito, llegamos a la zona de la muralla que pretendíamos visitar. De los miles de kilómetros de los que se dice que consta la Gran Muralla solo son visitables unos poquitos, ya que con el paso de los años se ha ido degradando, por la acción del medio ambiente o de los propios campesinos, que tenían una forma rápida y a mano de coger piedras, por ello uno no va a donde le apetece (que imagino que más o menos se podría) si no a alguno de esos emplazamientos donde la muralla ha sido reconstruida para ver su imagen original.
Cuando llegamos y bajamos del coche nos encontramos en un pasillo de puestos donde vendían agua, regalos, gorras camisetas y todo tipo de cosas conmemorativas, al final de la larga fila, tras subir algunos metros nos encontramos con una taquillas donde podíamos comprar los tickets, había diversas opciones, subir en cabina, o en telesilla y bajar en cabina o tobogán. Tras la advertencia decidimos subir en cabina te llevaba a un punto y bajar por el tobogán, que era donde terminaba la silla a un kilómetro aproximadamente de la otra posible subida. También se podía subir andando, pero evidentemente ni nos lo planteamos, si eran como unos 5 minutos de telecabina, andando podrían haber sido horas, y teníamos más cosas que hacer ese día.
Una vez arriba, podíamos ir a izquierda o derecha. A la derecha era relativamente bajada, tenia sus subidas y bajadas, pero era obligatorio para llegar al tobogán. Por la izquierda veíamos una subida pronunciada hasta el final de la muralla, igual otro kilómetro, y luego volver. Yo dije que si Gorka quería ir, no tenía problema en esperarle, pero que yo no estaba en absoluto por la labor. Así que fuimos directamente hacia la salida que igualmente era una señora caminata, recorriendo por lo alto de la muralla, admirando los fantásticos paisajes, y maravillándonos como hace 2000 años, al emperador Qing se le ocurrió hacer a su general construir una muralla en el borde mismo de la cordillera, imaginando el sufrimiento de los obreros para hacer llegar hasta allí las rocas, e imaginando las grandes dificultades para sobrepasarla.
Subíamos a lo alto de las torres, y allí recordamos la frase de Gengis Kahn sobre el valor de la muralla. Se podía apreciar la zona reconstruida y también a lo lejos veíamos algunos torreones medio derruidos, pero si podíamos apreciar por donde seguía el inmenso muro. Por suerte me había acordado de llevar los prismáticos y sirvieron para apreciar un poco mejor el fantástico paisaje que desde ahí arriba se divisaba. Tras una larga caminata, puede que fuera más o menos de un kilómetro, no lo se, pero yo acabé agotado, la rodilla me flaqueaba.
Vimos más turistas, incluso 3 americanas guapillas que iban con un guía chino, con las que luego coincidimos en el descenso de la muralla. Así que nos pusimos justo detrás de ellas en el tobogán, pero el guía se coló en medio. Finalmente resulto ser una mala idea, el descenso era por una pista metálica estilo tobogán, y tu te sentabas como en una especie de patín e ibas dándole más o menos deprisa según te fueras sintiendo cómodo. Pues ellas se ve que no se sentían demasiado cómodas y su ritmo era muy lento por lo que apreciábamos el paisaje durante el descenso pero no podíamos ir a nuestro ritmo. Yo iba delante, así que en un momento dado decidí prácticamente pararme, y así distanciarme de ellas para luego poder correr. En un punto que era un puente de madrea con una pinta poco segura, pero que tenía unas vistas maravillosas, aproveché a quedarme prácticamente detenido, para luego reanudar la marcha a más velocidad hasta volver a darlas alcance al final del descenso.
Una vez abajo del todo y tras comprobar que el chofer estaba durmiendo decidimos aprovechar para comer algo del magnífico almuerzo que nos había preparado Elena. A continuación nos volvimos a meter al coche y nos dirigimos al palacio de verano. A mi fue uno de los sitios que más me impresiono del viaje, más que la ciudad prohibida, por que aún siendo del mismo estilo, este me dio una sensación de más autentico, menos restaurado, además era un parque del tamaño de la casa de campo de Madrid, con su inmenso lago navegable en medio, con barcos que lo cruzaban. No pudimos verlo completamente ya que cerraban y al menos yo estaba agotado de tantas horas caminando. Aquí eche de menos no haberme puesto un poco más en forma para hacer el viaje, y poder recorrer todo. Además me dio un poco de alergia que no ayudó nada a facilitar las cosas.
Tras ver los jardines, lagos, laguitos, palacios y vistas del palacio de verano volvimos a la gran ciudad. Entrando pasamos al lado del “nido de pájaro” como he oído que le llaman vulgarmente al estadio olímpico, por lo que incluso ese detalle no nos lo saltamos.
Una vez en casa, tras un breve descanso y una ducha volvimos a nuestro lugar de recreo habitual, el mercado de la seda. Teníamos que ir a hacer la prueba de los trajes, para ver como estaban, saludar a mi amiga e los calzoncillos, que pillaba justo al lado y tal vez ver alguna otra cosita. De camino pasamos por The Place, un centro comercial al lado de casa de nuestros amigos y de cerquita del mercado de la seda que tiene la pantalla LCD más grande del mundo a modo de techo, donde cuando anochece se puede ver un lago o el espacio o alguna otra peliculilla que han creado para esa superpantalla.
Al llegar al mercado, yo encontré mis trajes, sin terminar por supuesto, no estaban terminadas las mangas, no había botones, todo en espera de la prueba para que todo quedara en el sitio perfecto para mí, tomaron las medidas pertinentes para arreglarlo y quedamos en volver al día siguiente. Mientras tanto el traje de Gorka no apareció, como era jueves y hasta el lunes por la mañana no nos marchábamos, todavía había tiempo. Saludamos a mi amiga de los calzoncillos, creo que compramos alguno más, además de advertirla que aunque seguiría pasando por allí y la vería y la saludaría, no pensaba comprar nada más, entre Gorka y yo habíamos gastado más de 100€ en ropa interior y habíamos hecho suficiente. Todo esto en un ingles más que correcto que hablábamos ambas partes (solucionada tu duda Borja).
De regreso a casa pudimos descansar ya que ese día nos quedamos tranquilamente cenando en casa y no teníamos ningún compromiso más, con lo que tras pasar la noche con Antonio y Elena charlando, viendo la tele, nos fuimos a descansar y a prepararnos para nuestro último día de turista puros.
Cita:” La fuerza de un muro, depende del coraje de sus defensores” Gengis Khan.
El miércoles ya era el día que regresábamos a Pekín o Beijing, pero eso no sería a primera hora, si no que el regreso estaba previsto para media tarde, por lo que en el hotel pedimos salir un poquito más tarde, a eso de las 14 sería buena hora y aprovechamos para visitar lo que todavía nos faltaba por ver en la ciudad de Xi’an, aunque parezca mentira, la ciudad todavía tenía muchas cosas que mostrarnos, por ejemplo nos quedaba por visitar la Gran pagoda del cisne, o la pagoda del gran Cisne, como se llame, dado que hasta el momento no habíamos visitado ninguna pagoda, íbamos hasta casi ilusionados con la visita.
Cogimos un taxi a la pagoda, y nuevamente cometimos el gran error de pensar que los taxistas te llevan donde tú quieres, de repente nos tira en una esquina de una plaza y nos señala un edificio en la otra punta de la plaza. Como era primera hora, uno todavía va con ganas y nos ponemos a caminar, al llegar a la pagoda, nos encontramos con un muro, y rodeándolo, descubrimos que el taxista simplemente no había querido acercarnos a la puerta, que estaba completamente por detrás de donde nos había dejado, 15 minutos de paseo. No fue gran problema, ya que así recorrimos la plaza, tratando de ver quien sería el primero en encontrar un Starbucks ese día para desayunar.
Al llegar a la pagoda, como en todo monumento turístico chino, pagamos la correspondiente entrada y accedemos al recinto, allí ese día debimos coincidir con alguien medianamente importante, al que vimos como le iban enseñando el recinto, y un poco nos fijamos para poder saber que sitios había que visitar, cuales no, y ver a los monjes que le guiaban por el recinto. Lo cierto es que como lugar de paz y recogimiento, cuando no estábamos todos los turistas debía de ser bastante impresionante, pero con todos esos turistas recorriendo la zona, intimidad y tranquilidad relativamente poca. Aún así disfrutamos de un bonito y curioso recinto.
Al salir de allí nos dirigimos al siguiente paso a visitar de la ciudad, la puerta Sur de la muralla, no es exactamente que el resto de puertas de la muralla no existieran ni nada parecido, pero si era la más grande, de hecho la noche anterior de vuelta del espectáculo pasamos por la puerta y había cantidad de gente acampando, como a modo de una mega-fiesta nocturna. Con guitarras y cosas por el estilo. Ahí se podía alquilar una bici para dar la vuelta a la muralla, pero tras visitar el museo de la puerta y evaluar los 35º que hacía, decidimos que no era probablemente el momento de hacer ese tipo de machadas, por lo que volvimos a bajar tras caminar unos 100 metros para ir por fin al Starbucks.
Fuimos a comprar una maleta, pues en la mini que llevaba Gorka después de que le perdieran la otra, no le entraban todas las compras del día anterior, el edredón de seda y esas cositas. Así empezamos a practicar un poco de regateo antes de ir de vuelta al hotel para que nos llevaran al aeropuerto. Al llegar al aeropuerto, más o menos a la hora de comer, me dirigí a una cafetería, donde descubrí que había Dumplings, por lo que pedí un platito, junto con el café frío. Me plantaron una gigantesca ración, con unos 25, que por que tenia un libro y casi 2 horas al final casi me terminé por que si no habría sido algo sinceramente brutal.
Tras el vuelo llegamos de vuelta a Pekín, y ese día salimos a cenar tan solo con Antonio, ya que Elena no vendría con nosotros por que tenía una fiesta de cumpleaños en un karaoke chino. Nosotros fuimos a un restaurante hindú que se llamaba Faces, realmente el hindú era tan solo una de las facetas del restaurante, ya que también tenía bar de copas, con mesa de billar y restaurante coreano, por lo que además de muy buena comida, resulto bastante curioso de recorrer. No trasnochamos mucho, ya que al día siguiente nos quedaba uno de los días grandes de visitas en Pekín.
Cita:”Mejor ser un cohete caído que no haber resplandecido nunca.” Oscar Wilde
Amanecía un muy caluroso día en Xi’an y debió de ser por acostarnos temprano, que a horas intempestivas tipo 6 yo ya estaba totalmente despierto, hasta tal punto que baje a desayunar en el hotel contra lo que acostumbrábamos, simplemente por que ya no sabía que hacer en la habitación, haciendo tiempo y tratando de no despertar a Gorka (luego me enteré que no tuve mucha suerte en lo de no despertarlo, pero el siguió intentando dormir. Cuando ya se acercaba la hora en que vendría el autobús a recogernos, después de haber hecho todas mis labores mañaneras, duchado, afeitado y listo para afrontar la jornada de calor, desperté a Gorka para prepararnos.
Cuando vinieron a recogernos nos llevamos una agradable sorpresa, lo que nosotros creíamos un autobús resulto ser un coche para nosotros dos, con un chofer y una guía que hablaba en inglés con lo que iríamos tan solo los cuatro en el vehiculo, visita a la carta a nuestro aire. Mucho mejor. La guía nos explico que el plan del día era recorrer la historia de la ciudad, empezamos por la villa prehistórica, donde pudimos ver las antiguas cabañas donde vivían hacía miles de años, las tumbas y como se estaban todavía produciendo las labores de desenterramiento de los distintos restos. El horno donde cocinaban e incluso algunos utensilios de la época.
A continuación nos dirigimos a la fábrica de los guerreros de terracota. Esto requirió una explicación. Los guerreros fueron construidos por el emperador para proteger su morada en el más allá. Un detalle, ya que en la época habría sido casi normal que en vez de construirse 2000 soldados, hubiera mandado matar y enterrar a gran numero de soldados para que le protegieran en el más allá. El problema es que sus sucesores, como suele pasar con gente que hereda con poca preparación, fueron muy déspotas, provocando que al poco tiempo los campesinos decidieran revelarse, atacando, quemando y arrasando gran parte de los símbolos del imperio, como eran los guerreros de terracota.
En la fábrica de guerreros seguían construyéndolos con el mismo método de antaño, que llevaba casi un mes de trabajo para cada guerrero con los tiempos de secado y tal, más la pintura y esas cosas. Conjuntamente a enseñarnos como los hacían, y dejarte jugar un poco a hacerlos en caso de haber querido, también vendían recuerdos, hechos allí mismo, de terracota de diversos tamaños, de jade, de madera, podías elegir el grado del guerrero, soldado, capitán, general o emperador y así tener incluso la colección completa. También allí mismo fabricaban muebles de madera lacados, y nos explicaron un poco el método, vimos a un artesano decorándolos y también tenían exposición donde comprar, incluso te los enviaban directamente a tu casa, precio del transporte incluido en la compra.
Tras esto, llego un momento de duda, la guía nos ofreció dos alternativas, ir ya a ver los guerreros, o ir a una fabrica de seda, de ahí a comer y luego guerreros, por horario parecía más sensato la segunda opción, ya que así aprovechábamos cuando hubiera menos gente a la hora de comer para ver los guerreros y podíamos acudir a ver como manejaban y como trataban la seda. Allí nos explicaron como sacaban la madeja de los capullos de los gusanos, incluso el proceso de generar el hilo y tratar los diversos componentes. Nos enseñaron unos edredones de seda, preciosos, de diversos grosores pero muy ligeros, que tentaron a Gorka. Estuvimos viendo ropa, que por suerte no me terminaba de quedar bien, digo por suerte, por que estaba enamorado de un polo de seda que era francamente caro, al menos para China, pero al no quedarme bien, no me lo compré.
En la parada a comer, justo al lado de la fabrica de seda, nos dieron evidentemente dumplings, y pasta fresca hecha allí mismo, incluso nos ofrecían si queríamos nosotros mismos amasarla y generar los noddles. Al salir de la comida, nos dieron los edredones que había comprado Gorka perfectamente compactados, para meter en la maleta y nos dirigimos al fin a nuestra cita con los guerreros. Allí con un calor de justicia, al llegar a la puerta nos dicen si queríamos cruzar el parque que hay a la entrada caminando o en carrito eléctrico. Optamos por ir en el carrito para tratar de evitar la consabida insolación, y así llegamos a la excavación.
Primera sorpresa, aunque de haberlo pensado, nos habríamos imaginado algo así. Los guerreros estaban en unas gigantescas naves con aire acondicionado para protegerlos del ataque de las inclemencias metereológicas. Por lo que mucho calor ahí dentro finalmente no pasamos. Fue una visita a uno de esos elementos históricos que uno siempre recuerda y puede decir yo estuve allí. No fui en Madrid a la exposición, ni nada parecido, pero el haberlo visto allí me encantó. La realidad es que hace no demasiado vi una noticia de que se decía que los guerreros que habían enviado a una exposición fuera de China no eran los originales. Una vez estado allí, entendí que lo imposible habría sido mandar los originales. Primero, la mayoría de los guerreros están destruidos por los campesinos. Segundo no desentierran aquellos guerreros que saben que hay, por que no son capaces de preservar cualidades como el color durante más de unos breves momentos, así que prefieren esperar hasta que la tecnología y los recursos se lo permitan, por lo que los mismos expuestos en el yacimiento son imitaciones de si mismos. Salvo 3 o 4 que tienen en unas urnas para conservarlos, todo lo demás son imitaciones.
Vimos también un par de carrozas y caballos espectaculares, de bronce, de la dinastía Qin, de un tamaño más o menos de la mitad de tamaño real, también en su vitrina súper protegido. Todo junto en el mismo emplazamiento. Terminado con el recinto, volvimos al coche para ir al mausoleo del emperador Qin, primer emperador que unificó China, el que construyo los guerreros y la gran muralla. Al menos eso nos explicó la guía. El mausoleo era una pirámide casi natural, que era como una pequeña colina pero con la base cuadrada, en cuyo centro se supone que se encuentra el emperador. Digo esto, por que te dicen que sí, pero nadie ha ido a verlo. Al parecer las medidas de seguridad incluían pasadizos protegidos con armas automáticas, ríos de mercurio (muy tóxico) y muros de piedras sellados con metal fundido para evitar que se pueda acceder, por lo que además de protegerse para la vida futura con los guerreros, el emperador también protegió su difunto cuerpo en el mausoleo. Actualmente lo que vimos fue un jardín bastante bonito y dejar nuestra imaginación volar en una aventura similar a las de Indiana Jones.
De vuelta al hotel nos ofreció la guía ir por la noche a una cena espectáculo, donde pudiéramos tomar el plato típico (los famosos Dumplings) y ver una actuación de canciones históricas. Arreglamos con ella el tema y reservamos mesa para cenar. Creo que nos cobró algo de sobreprecio, pero a cambio nos consiguió una mesa muy buena, nosotros solos disfrutando del espectáculo. A la postre un día típicamente de turistas. Yo al menos lo disfruté enormemente.
Cita:”El tiempo de la gloria es tan grande que no se ha llenado todavía ni se llenara jamás.” Manuel Tamayo y Baus
PD: En mi cuenta de Youtube estoy subiendo los videos que grabé en el viaje.
Después de mucho viajar por el mundo, te das cuenta de que me parecen más bonitas las ciudades, los sitios más modernos, con rascacielos y esas cosas, pero lo que realmente cala hondo y me emociona son los sitios clásicos, esos sitios donde sabes que había alguien hace 2000 años pensando o viendo algo parecido a lo que ves tu. El verano pasado estuve de crucero por el Mediterráneo y una de las paradas fue en Olimpia, y aunque no hay demasiadas cosas, y en un día está visto todo, la sensación de meterte en un jardín o un estadio de hace 2000 años te hace ver que en el mundo hay y ha habido más gente.
Centrándonos en el viaje a Xi’an, tras un vuelo más que aceptable, cogimos las maletas y nos dispusimos a coger lo típico, un taxi al hotel. Por más que buscamos y escarmentados por el palo de Shangai, fuimos en busca de la parada de taxi, pero no había nadie, ni siquiera llegábamos a estar seguros de que hubiera una y de haberla encontrado, así que preguntamos a una mona azafata, que nos mandó un puesto donde nos ofrecieron alquilar un coche con conductor, parece ser que el coste era casi el mismo, pero sin mampara, prepagando y de una forma más que aceptable, en un coche con aire acondicionado y chofer dedicado para nosotros solitos.
Con esto llegamos al hotel, también un hotel de 5 estrellas, aunque este notaba el paso de los años, seguía siendo un hotel bueno. Igual que en Shangai a nuestra llegada al hotel, tras deshacer las maletas decidimos dedicarnos a planificar nuestra estancia, que queríamos visitar, a donde ir, y organizarlo en las aproximadamente 48 horas que pasaríamos en la ciudad. Decidimos que evidentemente lo más importante era planificar la visita a los guerreros de terracota, gran atracción de la ciudad, aunque en realidad esta en la ciudad de al lado, a pocos kilómetros. Tras mirar un poco entre las distintas ofertas de tour para ir a la visita, decidimos llamar a un teléfono que nos habían dado en el aeropuerto, visita de todo el día a un poblado prehistórico, fabrica de los guerreros de terracota, fabrica de seda, visita a los guerreros de terracota y mausoleo del primer emperador. En vehiculo con aire acondicionado (se preveían 37º, por lo que eso era importante) y guía de habla inglesa.
Una vez preparado el día siguiente nos dirigimos al centro de la ciudad, para recorrer un poco y visitar los distintos monumentos. En Xi’an hay que visitar las torres del centro de la ciudad, la torre de la campana y la torre del tambor, donde antiguamente se indicaba la hora de abrir y cerrar la muralla y si había algo importante que notificar lo hacían mediante las llamadas desde las torres. Una vez subido a ambas, vistas las exposiciones que hay en el interior, nos dirigimos al barrio musulmán de la ciudad, donde había también una mezquita. No he estado en demasiadas mezquitas, pero esto no se parecía a ninguna que hubiera visto, era un conjunto de jardines y dependencias muy agradables y que claramente invitaban a la meditación. A las puertas de la mezquita había un bazar, bastante animado y lleno de puestos con imitaciones. Mucho más agradable de recorrer que el mercado de la seda de Pekín, ya que los vendedores no te acechaban.
Seguimos recorriendo un poco la ciudad, tratamos de encontrar otra mezquita escondida, que nos apuntaban en la guía, pero no conseguimos localizarla. A cambio recorriendo todos lo barrios antiguos del centro de la ciudad, pasando por la puerta de un colegio a la hora de salida de los niños, vimos puestos de comida, tiendecitas, puestos típicos. Nos perdimos por unas callejuelas donde prácticamente éramos los únicos occidentales, dando una visión de más autenticidad a la visita.
Para la hora de cenar intentamos encontrar un sitio con Dumplings, que parece ser eran todavía más típicos en esta ciudad, de hecho había bastantes carteles anunciándolos en los restaurantes, incluso en el centro de la ciudad había uno que rezaba ser los mejores dumplings de la ciudad. El único inconveniente era que en Xi’an hablan en general poco inglés y casi todos los sitios eran de pedir en barra, en plan McDonald's, no de sentarse y carta. Finalmente decidimos coger un taxi de vuelta al hotel y cenar en uno de los restaurantes del hotel y descansar un poco ya que al día siguiente nos pasaban a recoger a las 7 y media y prometía ser un día agotador de visitas. La cena del hotel a pesar de ser un buffet de comida típica italiana no era nada del otro mundo, así que tras probar un par de cosas, acabamos con unas porciones de pizza y algo de pasta, suficiente para recuperarnos del día y listos para descansar.
Cita:”Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos y por eso la vida vale la pena.” Paulo Coelho.
Como sabéis, dado que llevo unos días detallando, hace poco más de un mes estaba en China, y ¿qué es lo que uno desea cuando vuelve de un viaje así? Bueno, uno tal vez no lo expresa, pero lo que de verdad hace ilusión es poder contar que has estado por allí. Como objetivos de tu subida de estima existen dos clases de personas, los locales que envidian tu viaje, a los que ya tengo bastante machacados y pendientes de mi blog.
Hay otro grupo de gente con el que te hace ilusión encontrarte es con los foráneos del país visitado, en mi caso acabo de estar en China, por lo que sería verme con unos chinos con los que hablar sobre mi experiencia de viaje por su país y de su experiencia de visita por España. Hoy he vuelto a cenar en el mismo restaurante de ayer, estoy en Sevilla, y hay muchos sitios chulos, pero amigables para una persona sola y por menos de 60€ hay menos, ya que lo de tapas está muy bien, mientras no seas el único que tapea.
El restaurante Las Piletas, cerca del hotel NH Plaza de Armas donde me encuentro ahora está más que decente, me permite tomar una de los más interesantes platos para mi en el Sur de España, que no encuentro en el resto es el plato de Chacinas Variadas, en origen eso significa una variedad de fiambres de cerdo, en la practica era queso, jamón, salchichón y esas cosas. Pongo el queso en primer lugar por que es lo que más me gusta generalmente de los fiambres variados.
En esa cena, la segunda en dos noches, a mitad de mi plato de chacinas me encuentro con que entran tres asiáticos en el restaurante, a lo que el camarero, que ya me conocía del día anterior por haber comentado sobre el vino (Castillo San Diego o Antonio Barbadillo) me comenta que a ver como narices se entiende con los susodichos… Una vez visto que realmente el entendimiento no podía tener lugar, y a mitad de mi botella de Don Antonio, decido echar una mano y meterme a traducir lo que ellos querían pedir con lo que hay en la carta (salmorejo no, pero tenemos gazpacho… y esas cosas)
Resultó que eran 3 chinos de Beijing recorriendo Europa antes de que la hija empiece a estudiar el MBA en Hull en Inglaterra. Creo que no me habría importado encontrarme con alguien que me hablara en un idioma que entendiese en el restaurante ese que nadie hablaba inglés aunque la carta estuviera en ese idioma. El camarero se enrollo y gracias a las traducciones me invito a un par de chupitos de Pacharán y media botella de vino (cobré 3/8 en vez de 3/4) pero además yo he disfrutado de charlar con alguien que estaba fuera de casa, aunque fueran 3 personas, y la joven que era casi de mi edad, no pensaba en relaciones mixtas mañana.
Vamos, un placer sentirme útil hasta en la cena.
Cita:” En la mayoría de los países no interesa educar al pueblo, porque cuando aprende a leer se interesa por los problemas y pide cuentas; los analfabetos no dicen nada.” Plácido Domingo.
El domingo amaneció nuevamente en Shangai, y para entonces ya habíamos marcado todos los sitios a visitar de nuestra lista, fue intenso pero mereció la pena los dos días anteriores. Planificamos un nuevo día, para comenzar nos dirigimos a un mercadillo de antigüedades, que habíamos encontrado en una guía, un sitio curioso, una especie de Rastro de antigüedades, pero en chinas. Después dimos un paseo, acabamos apareciendo en la zona de Xintiandi (Ya dominaba el mapa de Shangai), donde los restaurantes occidentales y allí buscamos un sitio para comer. Pudimos haber elegido alguno de los mejores restaurantes del mundo, que allí estaban a un precio asequible, pero preferimos decantarnos por un restaurante típicamente chino, que igual no era de los 5 mejores de la ciudad, pero se le acercaba.
Comimos magníficamente, por primera vez sin recomendación, pero también muy bueno. De ahí nos dirigimos a un mercado de imitaciones, pero al llegar nos llevamos la sorpresa de que el edificio no existía, así que acabamos en una “tienda” (más bien trastienda) donde nos ofrecían todo tipo de imitaciones. Yo compré allí mis primeros zapatos, al igual que Gorka. Luego tuvimos un momento de esos divertidos, cuando yendo por la calle nos abordó otro vendedor de imitaciones que nos ofrecía más zapatos. Al preguntarme cuanto habíamos pagado por ellos, yo le respondí que 5 Yuan, que más o menos son 0,50€ a lo que él se escandalizó y el policía que estaba delante se rió bastante, dándose cuenta de que yo le estaba tomando el pelo.
Tras un paseo por la segunda zona comercial de Shangai, no recuerdo el nombre de la calle, decidimos alterar un poco el ritmo normal de visita a la ciudad, así que cogimos un taxi con destino al hotel. Allí nos dirigimos al Spa y nos regalamos un masaje cada uno, Gorka uno típico chino, de pies y yo uno Hawaiano, de cuerpo entero realizado con dedos, mano, muñeca y codo. Una vez recuperados de la paliza de la ciudad y del masaje, cogimos un taxi para cenar en otro de los restaurantes recomendados por Elena, un restaurante chino con ambiente de bar de jazz.
Una vez degustada la exquisita cena y tras pasear brevemente por la calles adyacentes (es una de las ventajas de China, se considera un sitio muy seguro por lo que un turista a las 10 de la noche no tiene que estar preocupado de por donde anda) cogimos un taxi de regreso al Bund, donde nos aparecimos en una terraza lounge para tomar una copa enfrente del río, desde la vista contraria de la noche anterior, mirando a toda la zona de rascacielos.
Dos copas después conseguimos una de esas experiencias memorables de un viaje, el taxista que nos llevaba al hotel decidió que la calle ideal para ir a nuestro destino estaba dos manzanas para atrás, por lo que dio la vuelta, y se hizo dos manzanas completas en sentido contrario en una avenida del tamaño de la Castellana, dejándonos levemente paralizados. Por suerte eran las 12 o 1 de la noche y no había muchos más coches en la calle pero si un par de taxistas, que ni se inmutaron ante semejante maniobra.
Solo nos quedaba para despedirnos de Shangai, al día siguiente, coger el tren magnético hacia el nuevo aeropuerto, aquí en vez de nueva terminal tenían nuevo aeropuerto, y era distinto del que usamos para llegar. Tras hacer el viajecito de 30 Km. a 300Km/h llegamos al aeropuerto donde desayunamos y recorrimos todo el edificio admirando lo limpio y nuevo que se veía todo antes de coger nuestro avión con destino a Xi’an.
Cita:”Sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no darlo.” William Arthur Ward.
Para el segundo día de visita a la ciudad (el día que llegamos y nos quedamos por los alrededores del hotel no lo cuento) dedicamos a la otra cara de la ciudad, la más conocida, empezamos a recorrer el Bund, barrio “antiguo” de la ciudad (pongo “antiguo” por que es la zona clásica, que data de principios del siglo XX, con edificios de un estilo similar a Nueva York, incluso la bolsa o bancos, que podrías pensar que eran de Nueva York sin ningún problema, de alrededor del 1920 y fechas por el estilo.
La zona estaba un poco en obras, por estar cambiando un puente que cruzaba el río, con motivo de la Expo 2010, pero aún así la zona era preciosa, recorrimos eso un poco, de principio a fin. Recorrimos la zona de la orilla del río, en vez de la acera de los edificios. Tras un par de horas paseando y sacando fotos de la zona nos fuimos a un restaurante recomendado también por Elena para tomar el Brunch. Habíamos desayunado igual que el día anterior, así que aunque fuera Brunch, para nosotros fue más bien comida, a un precio bastante occidental, pero exquisito, en una terraza en la planta 7ª de uno de los edificios clásicos con vistas al río. Una zona francamente espectacular.
Tras ese almuerzo (creo que es la mejor traducción en español a lo que hicimos) paseamos por la calle Nanjing, calle de compras típica, con tiendas estilo occidental en una zona peatonal y llena de gente, agobiante, pero nada más, decidimos volver por la noche que siempre ese tipo de calles son mucho más llamativas. Tras sofocarnos y pasar un calor terrible, volvimos a la horilla del río para cruzar al lado contrario. Compramos un billete de ida y vuelta para un tren panorámico que cruzaba el río por debajo. La cosa prometía, pero fue muy, muy deprimente, era un estilo cutre de hace 30 o 40 años con neones y pantallas haciendo un pobre espectáculo, que a niños de 4 o 5 años llamaría mucho la atención, pero a Gorka y a mi nos provocó a la ida vergüenza y al regreso sonoras carcajadas de la cosa tan lamentable donde nos habíamos metido.
Llegando a la rivera moderna del río, dimos un paseo y paramos a tomar un par de tragos en una terraza junto al río. Ese fue uno de esos momentos en los que te gustaría que el tiempo se detuviera, vistas al Bund, (barrio precioso de la ciudad), con el río en medio, y los rascacielos al otro lado. Tras conseguir quitarnos la pereza de encima nos dirigimos a la torre de televisión, esa famosa torre con forma de aguja hortera símbolo de la ciudad y cogimos el ascensor hasta muy alto para ver la ciudad desde las alturas. Una vez satisfecha esa parte, decidimos no subir al restaurante giratorio, por que queríamos ir al Cloud 9 un bar que nos habían recomendado en la planta 87 de la torre Jinmao, penúltima planta del hotel Hilton.
Allí disfrutamos de otro momento para no olvidar nunca, con la copa, en un bar elegante viendo como el anochecer bajaba sobre la ciudad y el río y como se encendían las luces de los distintos edificios y puentes de la ciudad. Algo magnifico.
Al bajar ya de noche, habiendo picado y bebido, pero sin cenar, dimos un paso, pasando por más edificios espectaculares, sacando fotos al río y al Bund iluminados y cogimos el “fantástico” tren de regreso al otro lado del río. Allí nos dirigimos nuevamente a la calle Nanjing para recorrerla de noche, con menos calor fue mucho más agradable el recorrido, y una vez terminado, agotados, a pesar de ser sábado nos dirigimos al hotel para dormir y descansar.
Cita:” A menudo, quienes vacilan en hacer planes es porque dudan también en su capacidad de cumplir.” Michael Levine.