Para mi resulta fácil distinguir una semana de otra, hace dos semanas estaba en Valencia, la pasada en Sevilla, esta en Tenerife, la que viene en Zaragoza… Así puede parece que el distinguir una semana de otra es sencillísimo, mientras que otro tipo de trabajos más monótonos en apariencia nos pueden hacer pensar que una semana es un calco de la anterior. También en mi caso podría decir que una semana es muy parecida a la anterior, paso la semana dando un curso más o menos parecido, si no igual al de la semana anterior, las noches en una habitación de hotel, si bien mi empresa me permite pasar esas noches en magníficos hoteles, en muchos casos de 5 *, eso no quiere decir que dejen de ser habitaciones de hotel. Es decir, si reducimos hasta cierto punto lo que pasa una y otra semana siempre estamos llegando a la conclusión de que al final una semana son los mismos 7 días, de lunes a domingo, y se repinten en una sucesión de 52 a lo largo del año.

Pero siempre existen detalles más o menos insignificantes que la hacen distinta, gente con la que hablamos, conversaciones que mantenemos, gente que conocemos. Yo la semana pasada fue una semana más, pero al mismo tiempo tuvo detalles que la hicieron diferente, y no pequeños detalles a mi entender. Al regresar de mi semana de trabajo en Sevilla, y antes de ir a pasar el fin de semana con mis amigos a Soria, pase por Madrid las suficientes horas como para vender mi coche, ese mismo que me acompañó durante nueve años de alegrías y desgracias por la vida. Se hace duro, a pesar de que llevara ya casi un mes meditando la salida. El fin de semana de frío en Soria con algunos amigos fue algo genial, y para terminar un fantástico concierto de Bruce Springsteen en el Palacio de Deportes de Madrid.

Evidentemente con todas esas cosas, no parece una semana más, pero es que ninguna semana es como la anterior, por ello hemos de buscar cual es esa diferencia insignificante o importante, que hace que esta semana sea distinta de la anterior y nos permita darnos cuenta de que estamos vivos, por que actuamos como elementos importantes dentro del mundo que gira a nuestro alrededor, no somos meros espectadores que podrían ser sustituidos por un autómata, sino que damos sentido a nuestras vidas en tanto en cuanto nos aplicamos en tener conciencia de lo que hace diferente un momento de otro más o menos similar.

En ocasiones nos sentimos deprimidos por que pensamos que todo hoy es igual a ayer. Es bueno no menospreciar esas diferencias, y creo que es incluso mejor el resaltarlas. En ocasiones nos sentimos tentados de pedir un momento de ruptura, por que nunca tenemos un momento para nosotros mismos, cuando realmente nosotros nos acompañamos en todo momento, por lo que a lo mejor lo que debemos de ser capaces es de apreciar mejor esos momentos que tenemos, en solitario o en compañía, pero es que cada momento es diferente al anterior aunque se repitan muchas pautas, por ello es vital asumir las diferencias entre instantes para saborear mejor la vida.

No desesperéis, disfrutar y vivir al máximo.

Cita: ”Las citas son una manera de repetir erróneamente las palabras de otro” - Ambrose Bierce – Escritor y periodista estadounidense.