El miércoles amanecía en Pekín, nos levantamos a desayunar, y en ese momento Antonio me hace una pregunta que por un lado me sorprendió un poco, por otro lado me hizo darme cuenta de lo poco preparado que llevábamos el viaje, se le ocurrió decirme que qué planes tenía para el día. Normal la pregunta, pero mi respuesta fue, más o menos, lo que nos digáis, que vosotros conocéis esto mejor y nos podéis recomendar lo que podemos hacer.
El planning para el primer día quedó: Visita a la plaza de Tiananmen y a
Salimos de casa con nuestros anfitriones y después de dejarlos en su trabajo, seguimos con su chofer hasta la plaza de Tiananmen, donde nos dejaría para que nosotros recorriéramos el resto del tramo hasta la ciudad prohibida. El chofer nos dejó en una esquina, de esa mini plaza (creo que tiene el titulo de la plaza publica más grande del mundo) dado su escaso inglés, llegamos a enterarnos que él nos esperaba en el mismo sitio y poco más. A partir de ese punto, descubre que hay en la plaza y vete a verlo. A mi la plaza me sonaba creo que como a casi todo el mundo por la manifestación de hace años y por la imagen de Mao en un lado, pero no tenía tan claro que la ciudad prohibida era uno de los laterales de la plaza, eso me enteré esa mañana, así que cuando llegamos allí, nos tocó averiguar cual de los 4 costados era la ciudad prohibida.
En el primer intento fallé (fui yo el que dijo que detrás de la pagoda había algo típicamente chino, que resulto ser una urbanización, con pinta de clásico, pero que estaban terminando de construir. En cualquier caso era lo que quedaba más cerca, y al ver que no, cruzamos la placita hasta la otra punta, pasando por delante de la casa del pueblo (un edificio tipo gigantesco ministerio español), del mausoleo de Mao, que sinceramente no me llamaba demasiado la atención, pero ver los grupos de niños uniformados cantando en plan película promocional comunista o los soldados desfilando, lo hacían mínimamente interesante, aunque no entramos dentro.
Llegamos a la imagen de Mao, que resultó ser la puerta a la ciudad prohibida, al entrar lo primero es decepcionarte, ya que te encuentras como 4 canchas de baloncesto, puestos de bebida…, es que no era la verdadera entrada, solo la zona intermedia, donde nos asalto un joven chino en un inglés más que aceptable para que le acompañáramos a un lateral de la plaza donde había una exposición que el y sus compañeros de la escuela de arte de Xi’an hacían durante unos días. Nos enseñó muchas pinturas y al final Gorka y yo compramos alguna cosilla. Como magnífico estado comunista, en ese medio tenderete temporal aceptaban American Express, ese país al final me caería bien.
Tras pagar la pertinente entrada, accedimos a la ciudad prohibida, por suerte cogimos un par de esas audio guías que nos permitirían saber un poco mejor que veíamos, aunque a mi personalmente me pareció a la vez impresionante y decepcionante, impresionante por el tamaño, decepcionante, porque estaba todo perfectamente, algunas zonas olían a pintura reciente, veías a los carpinteros haciendo y arreglando decoraciones, que daba un poco la sensación de ser casi como una imitación de sí mismos. Por ello me decepciono, por que no era 100% real, pero pensar que ahí vivían y se movían hace tantos años, si que era llamativo. Además, tras unos pocos palacetes, decidimos no seguir, tras más de 4 horas recorriendo a ciudad prohibida, decidimos irnos para el siguiente destino.
Conseguimos regresar al coche pasando por el museo de historia, otra decepción, un edificio vacío y en obras. Cuando encontramos de nuevo el coche, nos llevó hasta Huohai, una zona preciosa con un lago y lleno de Hudong alrededor, una zona donde sería precioso pasear, si no llevaras 5 horas recorriendo la ciudad en uno de esos típicos días pekineses donde no se ve el cielo por la nube gris de polución pero que hace un calor importante. Tras conocer un poco la zona, comer en un chino muy chino cogimos un taxi de vuelta a casa, a descansar un poco antes de ir a hacernos los trajes.
La comunicación con los taxistas no era fácil, ellos no hablan inglés, mucho menos español, y nosotros no hablábamos chino, así que lo llevábamos por escrito, pero no sabían donde estaba la casa de nuestros amigos. Por suerte el mercado de la seda también lo llevábamos escrito y estaba cerca, y una vez llegando cerca de la casa me orienté lo suficiente para indicar al taxista como llegar. Con un perfecto uhmm, ahmm, ehh, ehh, y movimientos de mano, llegamos a casa a descansar un ratito.
Volvimos al mercado de la seda, donde fuimos a hacernos algún traje, con la casualidad de que justo donde entrábamos a la planta de los trajes estaba la chica de la ropa interior que vino corriendo a preguntarme por el calzoncillo que había comprado el día anterior, decía que no había podido dormir pensando en si me quedaría bien o no. Lo cierto es que me reí muchísimo y le compré otros 10 calzoncillos por el increíble precio de 2€ cada uno.
De ahí regresamos a casa, donde cenamos un pescado al horno preparado por Elena magnífico. Bueno, para ser sinceros, a estas alturas no tengo muy claro si el pescado fue la primera noche y el japonés la segunda o al revés, pero ambas fueron muy buenas cenas, una preparada en casa y la otra en un restaurante, pero magníficas ambas. Posterior a eso, nos fuimos a la cama agotados, y listos para al día siguiente coger un avión a Shangai.
Cita:” Si pudiera escoger de entre las grandes obras de arte, escogería por mucho a la mujer, pero a aquella mujer que posee mi corazón.” Javier Herrera.

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