Visita a Shangai (4)
El domingo amaneció nuevamente en Shangai, y para entonces ya habíamos marcado todos los sitios a visitar de nuestra lista, fue intenso pero mereció la pena los dos días anteriores. Planificamos un nuevo día, para comenzar nos dirigimos a un mercadillo de antigüedades, que habíamos encontrado en una guía, un sitio curioso, una especie de Rastro de antigüedades, pero en chinas. Después dimos un paseo, acabamos apareciendo en la zona de Xintiandi (Ya dominaba el mapa de Shangai), donde los restaurantes occidentales y allí buscamos un sitio para comer. Pudimos haber elegido alguno de los mejores restaurantes del mundo, que allí estaban a un precio asequible, pero preferimos decantarnos por un restaurante típicamente chino, que igual no era de los 5 mejores de la ciudad, pero se le acercaba.
Comimos magníficamente, por primera vez sin recomendación, pero también muy bueno. De ahí nos dirigimos a un mercado de imitaciones, pero al llegar nos llevamos la sorpresa de que el edificio no existía, así que acabamos en una “tienda” (más bien trastienda) donde nos ofrecían todo tipo de imitaciones. Yo compré allí mis primeros zapatos, al igual que Gorka. Luego tuvimos un momento de esos divertidos, cuando yendo por la calle nos abordó otro vendedor de imitaciones que nos ofrecía más zapatos. Al preguntarme cuanto habíamos pagado por ellos, yo le respondí que 5 Yuan, que más o menos son 0,50€ a lo que él se escandalizó y el policía que estaba delante se rió bastante, dándose cuenta de que yo le estaba tomando el pelo.
Tras un paseo por la segunda zona comercial de Shangai, no recuerdo el nombre de la calle, decidimos alterar un poco el ritmo normal de visita a la ciudad, así que cogimos un taxi con destino al hotel. Allí nos dirigimos al Spa y nos regalamos un masaje cada uno, Gorka uno típico chino, de pies y yo uno Hawaiano, de cuerpo entero realizado con dedos, mano, muñeca y codo. Una vez recuperados de la paliza de la ciudad y del masaje, cogimos un taxi para cenar en otro de los restaurantes recomendados por Elena, un restaurante chino con ambiente de bar de jazz.
Una vez degustada la exquisita cena y tras pasear brevemente por la calles adyacentes (es una de las ventajas de China, se considera un sitio muy seguro por lo que un turista a las 10 de la noche no tiene que estar preocupado de por donde anda) cogimos un taxi de regreso al Bund, donde nos aparecimos en una terraza lounge para tomar una copa enfrente del río, desde la vista contraria de la noche anterior, mirando a toda la zona de rascacielos.
Dos copas después conseguimos una de esas experiencias memorables de un viaje, el taxista que nos llevaba al hotel decidió que la calle ideal para ir a nuestro destino estaba dos manzanas para atrás, por lo que dio la vuelta, y se hizo dos manzanas completas en sentido contrario en una avenida del tamaño de la Castellana, dejándonos levemente paralizados. Por suerte eran las 12 o 1 de la noche y no había muchos más coches en la calle pero si un par de taxistas, que ni se inmutaron ante semejante maniobra.
Solo nos quedaba para despedirnos de Shangai, al día siguiente, coger el tren magnético hacia el nuevo aeropuerto, aquí en vez de nueva terminal tenían nuevo aeropuerto, y era distinto del que usamos para llegar. Tras hacer el viajecito de
Cita:”Sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no darlo.” William Arthur Ward.

loqnodigo dijo
Bueno, supongo q lo del paseito del taxista es algo típico q todos tenemos q "sufrir" alguna vez ¿no? ¡eso sí, es peor q te lo hagan cuando ya te has empapado el plano de la ciudad y te das cuenta!, pero, es para q te sientas plenamente turista (jeje) y ¡una anectoda más!
Por cierto, la cita me la quedo, me viene al pelo, ya sabes q hago las dos cosas: ni expreso la gratitud, ni doy los regalos envueltos
14 Julio 2008 | 05:01 PM