El jueves amanecimos con intención de visitar uno de esos emblemas de China, La gran Muralla. Amanecimos ese día y planificamos ir tras dejar a Antonio y Elena en el trabajo a La Gran Muralla, nos advirtieron que una de las mejores experiencias sería el tobogán de la muralla, que era una de las actividades de las que la gente volvía más impresionada de su visita a China. Nosotros ni siquiera sabíamos de qué nos estaba hablando.

Tras un largo viaje en coche, que aprovechamos para seguir durmiendo un poquito, llegamos a la zona de la muralla que pretendíamos visitar. De los miles de kilómetros de los que se dice que consta la Gran Muralla solo son visitables unos poquitos, ya que con el paso de los años se ha ido degradando, por la acción del medio ambiente o de los propios campesinos, que tenían una forma rápida y a mano de coger piedras, por ello uno no va a donde le apetece (que imagino que más o menos se podría) si no a alguno de esos emplazamientos donde la muralla ha sido reconstruida para ver su imagen original.

Cuando llegamos y bajamos del coche nos encontramos en un pasillo de puestos donde vendían agua, regalos, gorras camisetas y todo tipo de cosas conmemorativas, al final de la larga fila, tras subir algunos metros nos encontramos con una taquillas donde podíamos comprar los tickets, había diversas opciones, subir en cabina, o en telesilla y bajar en cabina o tobogán. Tras la advertencia decidimos subir en cabina te llevaba a un punto y bajar por el tobogán, que era donde terminaba la silla a un kilómetro aproximadamente de la otra posible subida. También se podía subir andando, pero evidentemente ni nos lo planteamos, si eran como unos 5 minutos de telecabina, andando podrían haber sido horas, y teníamos más cosas que hacer ese día.

Una vez arriba, podíamos ir a izquierda o derecha. A la derecha era relativamente bajada, tenia sus subidas y bajadas, pero era obligatorio para llegar al tobogán. Por la izquierda veíamos una subida pronunciada hasta el final de la muralla, igual otro kilómetro, y luego volver. Yo dije que si Gorka quería ir, no tenía problema en esperarle, pero que yo no estaba en absoluto por la labor. Así que fuimos directamente hacia la salida que igualmente era una señora caminata, recorriendo por lo alto de la muralla, admirando los fantásticos paisajes, y maravillándonos como hace 2000 años, al emperador Qing se le ocurrió hacer a su general construir una muralla en el borde mismo de la cordillera, imaginando el sufrimiento de los obreros para hacer llegar hasta allí las rocas, e imaginando las grandes dificultades para sobrepasarla.

Subíamos a lo alto de las torres, y allí recordamos la frase de Gengis Kahn sobre el valor de la muralla. Se podía apreciar la zona reconstruida y también a lo lejos veíamos algunos torreones medio derruidos, pero si podíamos apreciar por donde seguía el inmenso muro. Por suerte me había acordado de llevar los prismáticos y sirvieron para apreciar un poco mejor el fantástico paisaje que desde ahí arriba se divisaba. Tras una larga caminata, puede que fuera más o menos de un kilómetro, no lo se, pero yo acabé agotado, la rodilla me flaqueaba.

Vimos más turistas, incluso 3 americanas guapillas que iban con un guía chino, con las que luego coincidimos en el descenso de la muralla. Así que nos pusimos justo detrás de ellas en el tobogán, pero el guía se coló en medio. Finalmente resulto ser una mala idea, el descenso era por una pista metálica estilo tobogán, y tu te sentabas como en una especie de patín e ibas dándole más o menos deprisa según te fueras sintiendo cómodo. Pues ellas se ve que no se sentían demasiado cómodas y su ritmo era muy lento por lo que apreciábamos el paisaje durante el descenso pero no podíamos ir a nuestro ritmo. Yo iba delante, así que en un momento dado decidí prácticamente pararme, y así distanciarme de ellas para luego poder correr. En un punto que era un puente de madrea con una pinta poco segura, pero que tenía unas vistas maravillosas, aproveché a quedarme prácticamente detenido, para luego reanudar la marcha a más velocidad hasta volver a darlas alcance al final del descenso.

Una vez abajo del todo y tras comprobar que el chofer estaba durmiendo decidimos aprovechar para comer algo del magnífico almuerzo que nos había preparado Elena. A continuación nos volvimos a meter al coche y nos dirigimos al palacio de verano. A mi fue uno de los sitios que más me impresiono del viaje, más que la ciudad prohibida, por que aún siendo del mismo estilo, este me dio una sensación de más autentico, menos restaurado, además era un parque del tamaño de la casa de campo de Madrid, con su inmenso lago navegable en medio, con barcos que lo cruzaban. No pudimos verlo completamente ya que cerraban y al menos yo estaba agotado de tantas horas caminando. Aquí eche de menos no haberme puesto un poco más en forma para hacer el viaje, y poder recorrer todo. Además me dio un poco de alergia que no ayudó nada a facilitar las cosas.

Tras ver los jardines, lagos, laguitos, palacios y vistas del palacio de verano volvimos a la gran ciudad. Entrando pasamos al lado del “nido de pájaro” como he oído que le llaman vulgarmente al estadio olímpico, por lo que incluso ese detalle no nos lo saltamos.

Una vez en casa, tras un breve descanso y una ducha volvimos a nuestro lugar de recreo habitual, el mercado de la seda. Teníamos que ir a hacer la prueba de los trajes, para ver como estaban, saludar a mi amiga e los calzoncillos, que pillaba justo al lado y tal vez ver alguna otra cosita. De camino pasamos por The Place, un centro comercial al lado de casa de nuestros amigos y de cerquita del mercado de la seda que tiene la pantalla LCD más grande del mundo a modo de techo, donde cuando anochece se puede ver un lago o el espacio o alguna otra peliculilla que han creado para esa superpantalla.

Al llegar al mercado, yo encontré mis trajes, sin terminar por supuesto, no estaban terminadas las mangas, no había botones, todo en espera de la prueba para que todo quedara en el sitio perfecto para mí, tomaron las medidas pertinentes para arreglarlo y quedamos en volver al día siguiente. Mientras tanto el traje de Gorka no apareció, como era jueves y hasta el lunes por la mañana no nos marchábamos, todavía había tiempo. Saludamos a mi amiga de los calzoncillos, creo que compramos alguno más, además de advertirla que aunque seguiría pasando por allí y la vería y la saludaría, no pensaba comprar nada más, entre Gorka y yo habíamos gastado más de 100€ en ropa interior y habíamos hecho suficiente. Todo esto en un ingles más que correcto que hablábamos ambas partes (solucionada tu duda Borja).

De regreso a casa pudimos descansar ya que ese día nos quedamos tranquilamente cenando en casa y no teníamos ningún compromiso más, con lo que tras pasar la noche con Antonio y Elena charlando, viendo la tele, nos fuimos a descansar y a prepararnos para nuestro último día de turista puros.

Cita:” La fuerza de un muro, depende del coraje de sus defensores” Gengis Khan.