El domingo madrugamos, tal vez no demasiado para el estándar Americano, pero al menos si para lo que yo estoy acostumbrado, levantarme a las 7 y media un domingo reconozco que no es lo normal, claro que entre los horarios que se llevaban allí y el Jet-Lag pues la verdad es que me despertaba sin necesidad si quiera de que sonara el despertador. Tras el matutino aseo y esas cosas, bajé a desayunar, donde me encontré con uno de mis compañeros, con Markus (el austriaco) que iba a hacer lo propio, listos para comenzar el nuevo día. Tras el desayuno pasamos a recoger las llaves de mi coche de alquiler, digo mi coche de alquiler ya que aunque iba a ser entre los 3 (Markus, Koen el belga y yo) yo era quien había dado el carnet de conducir por lo tanto tendría el honor o placer de conducir el vehiculo.

No había quedado muy claro el plan del día, pero yo había preparado una idea, acercarnos a Galveston a conocer la ciudad. Galveston es una isla en el Golfo de México cerca de Houston, a unos 120 kilómetros de donde nosotros estábamos, pero claro en el mar. Habíamos oído que la ciudad estaba arrasada, así que nos dirigimos a comprobarlo, No tanto por el morbo, que a lo mejor en parte algo había, como algo nuevo por conocer para mi, todo lo del día anterior de turismo ya lo conocía de antes y tenía ganas de ir a la playa. Había estado ya hace unos 12 años en Florida bañándome en el golfo pero por el otro lado, así que me pareció una buena idea el acercarnos allí.

De camino en el coche empezamos a notar realmente el azote de la tormenta. El día anterior en Houston vimos algún edificio, rascacielos con ventanas rotas por el huracán, pero nada parecido a lo que veríamos el día siguiente. En la autopista camino de la isla los carteles prácticamente desaparecidos, por ejemplo las M de los McDonalds no tenían más que la carcasa y cosas así, pero nada más cruzar el puente de acceso a las isla comenzaron a aparecer en los laterales de la carretera lanchas y yates que estaban presumiblemente ahí desde que las apartaran de mitad de la carretera casi dos meses antes. Edificios desaparecidos, o destrozados, carteles avisando que el local en cuestión estaba abierto, ya que muchos después del huracán habían cerrado.

Conseguimos encontrar una cafetería típica donde desayunar. Markus y yo, habíamos comido en el hotel, y no pedimos más que una cosita a compartir, más algo de beber, pero Koen decidió que iba a vivir un día típico americano, y se pidió el desayuno típico de la casa… Toneladas de comida empezaron a aparecer en la mesa, que evidentemente no pudo terminar, Tortilla de dos huevos y queso, salchichas, hamburguesa (sin pan) tortitas con nata (un par) caramelo, patatas y todo eso lo acompaño con un Float, bebida típica de ese tipo de cafetería que consiste en un refresco con helado de vainilla. Rodando volvimos para Houston para poder acudir al plato principal del día.

Llegamos con bastante facilidad al estadio Reliant donde los Houston Texans de la NFL jugaban contra los Cincinnati Bengals. El partido era a las 15:05 y nosotros llegamos a las 13 horas. Aquí en España yo suelo ir al fútbol y nunca lo hago con tanta antelación, pero los tres queríamos ver el ambiente y como era la cosa esa de un partido de la NFL. No nos equivocamos, ya para empezar el mismo parking era una fiesta, muchos pick-up de esos estilo americano enormes de película aparcados y montando una barbacoa al lado, luego nos fuimos dando cuenta que algunos de esos incluso ni siquiera entrarían al partido. Estaban los toldos donde hacían la BBQ decorados totalmente, claro que había un concurso (no me enteré cual era el premio) para la mejor fiesta.

Llagando al estadio nos cruzamos con unas Cheerleaders que estaban haciéndose fotos con la gente y evidentemente aprovechamos a hacernos la correspondiente foto con ellas. Luego tras pasar la zona Coca-cola donde jugaban los niños a juegos con recuerdos al Football Americano, fuimos a la plaza Budweiser, que era la que quedaba junto a nuestra entrada al estadio. En la plaza además de evidentemente vender cerveza, había actuaciones de diversos grupos, incluida la banda del equipo y las animadoras. La mascota lanzando camisetas a la muchedumbre y cantidad de regalitos como fundas térmicas para los botellines y cosas inútiles varias. Nosotros fuimos a la tienda donde me compré una gorra para ser todavía más local si era posible.

A continuación entramos al estadio, a hacernos fotos, disfrutar del ambiente de la zona, dar paseos viendo la enorme cantidad y variedad de restaurantes y bares dentro del estadio. Antes de comenzar el partido decidí hacer acopio de víveres para ver el partido en condiciones, en mi asiento, con mi cerveza y mi súper-perrito (el nombre era perrito de un pie, y ese era el tamaño, pero un pie como el mío, un 45) cuando me estaban sirviendo el perrito, de repente sin darme cuenta, comenzó el himno nacional y todo el mundo se quedó completamente paralizado, de hecho la vendedora se quedó casi con el brazo estirado dándome la cerveza y parada para cobrar.

Una vez en mi asiento y vista la salida de los dos equipos me dispuse a disfrutar del magnífico espectáculo. El partido no tuvo mucha historia, los Bengals son muy malos y al primer minuto el partido ya estaba decantado para el lado local, lo que hizo que me pudiera fijar más en las cosas laterales, en los espectáculos de las animadoras y de la gente que en el propio partido. Francamente es un espectáculo que merece la pena aunque no te guste el deporte.

Terminado el partido, con calma nos fuimos a terminar nuestra jornada tejana para cenar en un Hooters, Bar donde las camareras visten como animadoras de deporte, tienen gran cantidad de televisiones para ver los deportes y son famosos por la cerveza, las alitas y las pechugas (aunque no ambas de pollo).Una cerveza, alitas y una hamburguesa después volvimos al hotel después de disfrutar de un largo y magnífico día en Houston, Texas. Listos para comenzar a trabajar el lunes.

Cita: Los complejos de inferioridad serían estupendos si los tuvieran las personas adecuadas.”